Las órdenes

Las órdenes
La Bella Varsovia

Primera edición: marzo 2018
Tercera edición: noviembre 2018

68 páginas
Premio Libro del Año, Gremio de Libreros de Madrid

 

 

 

 

 

Texto de contraportada:

En estos poemas se escuchan las órdenes que tienen que ver con la condición de hija y con la condición de madre: la obligación de asumir los cuidados de los demás y obviar el bienestar propio, la obligación también de perpetuar los roles que se asocian a nuestras circunstancias. Sobre esas expectativas que se depositan en nosotras y en nosotros, que se nos ordenan, Pilar Adón ha escrito un libro incómodo por su cuestionamiento de aquellos dictados —crecer, cuidar, reproducirse, seguir cuidando— que habíamos asumido, y contra los que Las órdenes se rebela. Porque una casa a veces se siente más como jaula que como espacio seguro, esta escritura urgente y áspera hace que nuestras certezas tiemblen.

 

Poemas:

Regalarlo todo. Cada prenda. Cada adorno.
Con mentalidad de pobre. Los dedos de harina
calentando el mismo tazón
y la sonrisa rota hacia la mesa
sin frutas ni flores en la fuente.
Sin estrenar nada, sin ambición de refugio.
Habiendo perdido la energía
y el asombro.
Queriendo decir: «¿Por qué no vuelves a casa?»
Cuando lo sabe. Que volver a casa es el miedo.
Que la huida del día es el miedo.
La tapia de ladrillo y la llamada al timbre sin prever
si podrá entrar.
Cada mirada de hembra.
Cada preñez. El miedo.
El cuerpo que no se acostumbra
y que, lejos de aumentar,
reduce su tamaño y se parte en dos.

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¿Quién
no ha querido abrir la ventana a los doce, trece años,
y saltar una tarde de sol
idéntica a todas las tardes en que el sol
se filtra por las persianas de madera
con un único verso
—Wake the serpent not—
alojado en el cerebro?

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Ellos no lo advierten
pero arrastramos un rencor en los genes
heredado de cada mujer.
Su hacha clavada en el cuerpo,
integrada en él. Donde persiste.
Observadoras y observadas.
Actuando a solas y ante el mundo.
Ansiando un descanso
sin saber descansar.
Acusando un odio que no se cura
por palabras que no tendrían que existir
Sin responder tal sin comportarnos cual,
aprovechando más.
Sin enfrentarnos a.

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No descuido la escritura,
sino a mí misma.
Ingeborg Bachmann

 

¿Quién me va a cuidar cuando sea vieja?
¿Quién me va a esperar, feliz de verme?
Cabello de nudos. Sin cepillados nocturnos.
Peines y espejos de plata.
Sola en mi sillón. Harta del cansancio y los sermones.
Sin hijos que me bañen,
me cocinen asado con puré,
me traigan jerséis de talla grande,
me laven los pies y las axilas
cuando queden ya pocos motivos para existir.
Vencida por los razonamientos
sobre aquello de recoger lo que se ha sembrado.
Celebraciones, cumpleaños y fiestas
en perspectiva de una soledad redonda.
¿Quién va a venir a verme
los fines de semana?
Si no soy madre.
Si vivo sin reconocer la devoción, el auxilio.
La ternura. Las visitas a los amigos dolientes.
Entre evasivas, papeles y libros,
alejada del sentimiento original.
Escapando de la llamada primera.
Sin saber qué es la entrega.
Qué la piedad. Qué la delicadeza
de los niños fotocopia. Su mente dulce y sencilla
como trozos de manzana asada. Como bolsas de osos Haribo.

¿Quién va a abrazarme cuando sea vieja?
Y esté sola. Y no haya quien quiera hablarme. Y las cortinas se prendan fuego
y las llamas asciendan hacia el techo. Y nadie pueda acercarse
al teléfono. Para llamar al servicio de extinción de incendios.

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Es una pulsión: un hombre encuentra agua
y tira una piedra.

 

 

La prensa ha dicho:

«Las órdenes»: cuidar de los otros (ABC Cultural) Mayo, 2018
Por Diego Doncel

Oda a la rebeldía (Diario de Sevilla) Octubre, 2018
Por Charo Ramos

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