Alimento


Yo… Lo sé. Tengo ese miserable aspecto
del que va demandando cariño por las puertas.
“Quiéreme un poco. Quiéreme un poco…”
Los ojos nostálgicos hacia el coche que se aleja
y la espalda estrecha que se detiene por última vez para decir adiós.

Yo… Lo sé. Persigo la mirada comprensiva de todas las madres
y a veces las manos grandes de cada padre.
El susurro al teléfono que me diga: “todo está bien”
mientras la niña del pañuelo negro gira y gira
esperando la llegada del sosiego.
El apaciguamiento de la marea oscura que sube.
Y sube a la boca desde el alma que se creía ya aliviada
pero que no. Porque el alma, aunque se suponga el éxito sobre ella,
cuando es dolorosa y cuando tiene la tez de la angustia,
sobrevive.

Yo… Lo sé. Me estoy ahogando y no entiendo nada.
Dejé que tomara mi mano y me arrastrara hasta la orilla.
“Vas a ver un milagro”, me dijo.
Y la niña de los zapatos negros con lacito
me miraba a la cara y me mostraba sus dientes de conejito.
“Perdón. Perdón. Perdón.” Parecía suplicar. “Yo no fui. No fui yo…”

Yo… Ahora cuento las varillas azules que se insertan
en aquel jarrón transparente y me pregunto:
(uno, dos tres…)
¿Por qué lo haces?
(cuatro…)

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Traducción al portugués: Alberto Augusto Miranda

 

Eu… bem sei. Tenho esse miserável aspecto
de quem anda mendigando afecto pelas portas.
“Gosta um pouquinho de mim. Gosta um pouquinho de mim…”
Os olhos nostálgicos virados para o carro que se distancia
e as costas estreitas que se detêm pela última vez para dizer adeus.

Eu… bem sei. Persigo o olhar compreensivo de todas as mães
e às vezes as mãos grandes dos pais.
Um sussurro pelo telefone que me diga: “está tudo bem”
enquanto a menina do lenço negro gira e gira
esperando a chegada do sossego.
O apaziguamento da maré escura que sobe.
E sobe à boca desde a alma que se julgava já aliviada
mas não. Porque a alma, mesmo que se julgue estar vencida,
quando é dolorosa e quando tem a tez da angústia,
sobrevive.

Eu… bem sei. Estou a afogar-me e não entendo nada.
Deixei que me pegasse na mão e me arrastasse para fora
“Vais presenciar um milagre”, disse-me
E a menina dos sapatos negros com lacinho
olhava-me de frente e mostrava-me os seus dentes de coelhinho.
“Perdão. Perdão. Perdão.” Parecia suplicar. “Eu não fui. Não fui eu…”

Eu… Agora conto as varetas iguais que se metem
naquele jarrão transparente e pergunto-me:
(um, dois, três…)
Porque fazes isso?
(quatro…)

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